¿Qué desmotiva a tus colaboradores?

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Las razones de la desmotivación laboral pueden darse mediante infinidad de factores que pueden desalentar a los empleados y  que los obligan muchas veces a tomar la decisión de renunciar y cambiar su entorno laboral.

Existen múltiples factores que provocan esta situación pero existen otros que tienen estrecha relación con la mala comunicación de los equipos de dirección de la empresa. Aquí tienes algunos motivos:

Horario laboral:

Cuando realizan más horas de las debidas. Alargar el horario en exceso, aunque se remuneren todas las horas extras. 
Poca flexibilidad. de horario cuando el trabajo lo requiere, y poner mala cara cuando un empleado pide flexibilidad de horario para cuestiones personales.

Tanto con los horarios como con la agenda profesional: citas, reuniones, plazos de proyectos o trámites. Vigilar la hora de entrada y salida de los empleados y lo que tardan en tomar el almuerzo.

Organizar una reunión cuando falta media hora para salir. También desmotivan los jefes que se fabrican su propio horario y que exigen a sus colaboradores que, además de haber cumplido con el suyo, estén localizables cuando él está en la oficina.

Falta de reconocimiento profesional:

Exceso de control en lo que hace cada trabajador, pese a que los resultados de esa persona sean buenos. 
Dar el retoque personal a todo lo que hacen los empleados y poner ‘peros’ sólo para demostrar quién tiene la última palabra.

No dar muestras de agradecimiento explícitas por los esfuerzos extras que realizan los
 empleados. Desdeñar las dificultades que se plantean al ejecutar una tarea y pensar que son simples excusas del empleado para hacerse la víctima.

Incapacidad para la comunicación. Tener siempre la puerta del despacho cerrada para mantener distancias.

Prohibir hablar a los empleados entre sí para evitar que pierdan el tiempo. No permitir que se ponga música, porque, según su particular punto de vista, distrae la atención del trabajo.

Dar órdenes que se tienen que aceptar “porque sí” y no favorecer la participación de los subordinados. Asegurar que todo el mundo pueda expresar su opinión, pero luego tomar nota de quienes no piensan igual que él.

Montar broncas sin dar posibilidad al empleado para que se explique o castigar sin investigar las causas que han generado el citado problema.

Relación personal conflictiva

Permitir que el estado de ánimo personal influya en exceso en las relaciones profesionales; sobre todo, si se trata de descargar el mal humor. Dejar que la simpatía o antipatía personal hacia determinadas personas se transfiera a las relaciones laborales e, incluso, promover la creación de bandos: los que son de mi cuerda y los que no.

Cuando se producen errores, algunos jefes escurren el bulto, no asumen la responsabilidad y echan la culpa al de abajo.
 No preocuparse nunca por el estado de ánimo de sus empleados o por su situación personal concreta.

Quedar siempre por encima de todo el mundo, sea subordinado o no. Conflictos entre los compañeros. En muchas ocasiones el mal ambiente viene provocado por las relaciones conflictivas entre los propios compañeros. Y esto, a veces, es fomentado por la empresa o por los jefes, inclinados a que impere la cultura de la puerta cerrada y de la competitividad interna.

Jornadas interminables

Los largos horarios no llevan a ningún sitio que no sea a una cura de sueño. Las empresas que mantienen largas jornadas laborales tienen algún defecto de fondo. El más corriente es tratar de conseguir mucho sin los medios adecuados.

Desconocimiento

Otro de los grandes errores es ignorar las necesidades e inquietudes personales de los empleados. Para motivar a los trabajadores hay que tener en cuenta su personalidad y, para ello, hay que tratar de conocerlos individualmente. No son peones en un tablero de ajedrez, todos iguales, sino que cada uno tiene su propia idiosincrasia. El buen directivo tiene que saber cómo utilizarlos de la mejor manera posible.

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