Empresas tienen 30% más rendimiento con un buen gobierno corporativo

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El buen gobierno corporativo es una tendencia que apunta a alinear las prácticas de toda la actividad empresarial. De modo que el sistema de gobernanza y dirección de la empresa esté basado en altos estándares de transparencia, profesionalismo y eficiencia entre sus órganos internos, lo que a largo plazo impactará de manera positiva en la competitividad, rentabilidad y confianza en el mercado.

Nancy Yong, socia de Gobernance, Risk and Compliance de PwC explica que muchos convenios y contratos comerciales a nivel global están incluyendo cláusulas en ese sentido, teniendo en cuenta ello, aun se pregunta si los estándares del gobierno corporativo deberían ser voluntarios o tornarse obligatorios.

“No debe ser una obligación. Pasa por un tema de voluntad y decisión, de implementar procesos para hacer las cosas bien. Un buen gobierno corporativo bien implementado erradica la criollada” explica Beatriz Boza, socia de la consultora EY en el área de sostenibilidad y gobernanza corporativa.

Yong coincide con este concepto, dado que acoger esas prácticas demuestra que la compañía está dispuesta a dar un paso más al simple cumplimiento legal. El reto está en que cada vez más empresas se sigan sumando a esta tendencia.

En el Perú, la Bolsa de Valores de Lima (BVL) realiza un concurso para seleccionar a las empresas que conformarán el Índice de Buen Gobierno Corporativo (IBGC) todo los años, distinción que se da desde el año 2008. Se recolecta información de todas las empresas participantes, analistas, bancos de inversión, entre otros.

En el 2016, solo 24 compañías de las más de 300 que listan en la BVL se sometieron de manera voluntaria a esta evaluación. Más que un desinterés, sería el miedo a no calificar la principal causa de las pocas postulaciones, señaló Francis Stenning, gerente general de la BVL, el año pasado.

Según Boza, las empresas con un buen gobierno corporativo tienen un rendimiento más de 30% superior que las empresas más líquidas del país y que no participan en el IBGC. El reto de las empresas peruanas, entonces, radica en tomar cada vez más consciencia de lo que ello implica y que se trata de más que un cumplimiento normativo. 

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