El arte de haraganear: Cómo escalar posiciones en el trabajo haciendo el mínimo esfuerzo

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La mejor manera de entender los “recursos humanos” de una empresa no es consultando al departamento que lleva ese feo nombre, sino estudiar los principios básicos de una de las ciencias más populares del mundo, aunque no reconocida como tal: la evasión de responsabilidades.

El primer principio es siempre aparentar estar ocupado. Se trata del viejo truco del saco colocado en el respaldar del asiento, de modo que cualquier observador casual —un CEO practicando la técnica de la “gerencia mediante el recorrido por la oficina”, por ejemplo— asumirá que tú eres el primero en llegar y el último en irte.

Hay que tener en cuenta que este arte es sutil: asegúrate de estar en otro lugar cuando se asignen tareas. Los haraganes exitosos nunca evaden el trabajo de forma visible pues cuando se enfrentan a lo inevitable, pretenden estar extremadamente dispuestos a asumirlo.

Este “teatro del entusiasmo” ha engañado a casi todos. Ahí tenemos a quienes se encargan de las políticas gubernamentales, quejándose de la epidemia de exceso de trabajo. Pero como señala el libro “Empty Labour” de Roland Paulsen, de la Universidad de Lund (Suecia), innumerables estudios sugieren que el trabajador promedio dedica entre hora y media y tres horas diarias a haraganear.

El segundo principio es que la tecnología de la información (TI)es tanto la mejor amiga del vago como su peor enemiga. La PC está hecha a la medida del indolente: puedes dar toda la impresión de estar ocupadísimo cuando en realidad estás haciendo las compras, reservando un fin de semana o simplemente retozando por el ciberespacio.

Y gracias a la tecnología móvil ahora puedes continuar retozando mientras te encuentras en alguna reunión de trabajo. Además, existe una versión de alta tecnología del truco del saco: programa el envío automático de tus correos electrónicos media hora después de la medianoche o a las 5:30 de la madrugada para que tus gerentes tengan la impresión de que eres un adicto al trabajo.

Claro que también existe un lado oscuro: se estima que 27 millones de empleados en el mundo tienen su Internet monitoreado. Por eso hay que ser cuidadoso y hacer lo posible para ocultar el historial de navegación. También se requiere hacer de activista político: pon el grito en el cielo ante la más mínima concesión del principio de absoluta privacidad de tus comunicaciones. Es que el haraganeo es como la libertad: solo florece si el “gran hermano” es mantenido a distancia.

El tercer principio es que siempre debes intentar conseguir trabajo donde no haya una clara relación entre insumo y producto. El sector público es obviamente un paraíso para el haragán: en el 2009, la Administración de Aviación Civil de Suecia descubrió que algunos de sus empleados pasaban el 75% de su horario de trabajo mirando pornografía en Internet. Y en el 2012, un empleado público alemán envió un mensaje de despedida confesando que no había hecho ni pizca en sus últimos catorce años en el puesto.

Las grandes organizaciones pueden ser terreno casi tan fértil para los holgazanes. En “The Living Dead” (2005), David Bolchover cuenta sus días como oficinista y concluye que la carga laboral que tuvo fue inversamente proporcional al tamaño de la empresa en la que trabajaba. Su carrera terminó en una grande y cuando no tenía nada que hacer, llenaba ese tiempo escribiendo un libro sobre gerencia.

Pero millones de otros son totalmente felices dedicándose al ocio financiado por sus empleadores. Es por eso que los perezosos se enfocan en las compañías tradicionales, donde pueden atarantar a los envejecidos gerentes diciéndoles que es casi imposible elaborar una hoja de Excel en menos de dos semanas.

Los más listos están explorando las oportunidades que brinda la nueva economía. Lugares como Google y Facebook se enorgullecen de proveer oportunidades de relax a sus empleados con instalaciones para masajes, cabinas para dormir y máquinas de pinball, entre otras; pero ahora que se están convirtiendo en enormes monopolios, son una opción para que los vagos más astutos aprovechen el descanso sin molestarse en esforzarse.

Además, las empresas de la nueva economía proporcionan una forma útil para descubrir si son aptas para el haraganeo: si los empleados tienen cargos como “director de visión estratégica” o “vicepresidente de análisis de data relevante”, entonces es momento que especialices el CV.

El principio final es que no debes permitir que tu preferencia por el ocio limite tus ambiciones, pese a que demasiados holgazanes todavía están hechizados por el viejo mito de que existe una conexión entre el esfuerzo y la recompensa. Los pocos estudios sobre el tema sugieren que el haraganeo prevalece en los puestos más altos y en los más bajos. En el 2010, un estudio finlandés halló que quienes tenían más “tiempo libre” ganaban más de US$ 112,000 anuales. En segundo lugar estaban los que percibían menos de US$ 28,000.

Puede ser difícil ascender en la empresa sin algo de esfuerzo, pero el secreto es rebosar de ideas inteligentes que sean puestas en práctica por otros. Pero tus problemas se resolverán cuando te conviertas en gerente: simplemente podrás delegar todo tu trabajo mientras pasas los días en conferencias internacionales o “cultivando las relaciones con los inversionistas”.

 

Fuente: Diario Gestión

 

 

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