Como retomar el control de una conversación

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Se recomienda empezar probando con la técnica denominada como zoom in. Se está hablando de servicios auxiliares de la construcción y la conversación se ha desviado a la caída del mercado inmobiliario. Utilizando el zoom in me concentro en un detalle muy concreto y lo introduzco en la conversación. Otra opción es la técnica opuesta, el Zoom out. Me voy lejos, lo importante es sacar fuera del escenario a la otra persona.

Para llevar al otro a tu terreno, puedes provocar también un cambio brusco de la conversión con una anécdota personal que esté relacionada con el tema que te interesa o utiliza una pregunta que le lleve hacia donde tú quieres ir.

Puede ocurrirte también que la conversación no es sólo que se ha ido por las ramas, sino que la otra parte está monopolizando la conversación. Ya no sólo tienes que volver a centrar la conversación, es que además tienes que ser capaz de volver a repartir el juego.

El mejor consejo es hacerlo pronto, de una forma muy firme, aunque llevemos diez minutos intentando tomar la palabra. En estos casos, se puede utilizar la espiral de autoafirmación. Que consiste en elevar ligeramente el tono de voz; si eso no es suficiente, nos incorporamos más y miramos directo a la otra persona; si aun así no funciona, podemos tocarla si estamos cerca, poner una mano en el hombro en señal de que se detenga, que queremos intervenir y poniendo en voz alta la conveniencia de que nos escuchemos.

Al pedir la palabra, la clave está en hablar siempre en primera persona del plural. No utilizar expresiones del tipo “Es mejor que te calles”, sino “Si nos dejamos hablar sin interrupciones, yo creo que nos vamos a entender mejor”. Compartiendo de alguna manera la crítica, no haciendo una crítica al otro. De un modo firme y cuando tomemos la palabra, no dejarnos interrumpir por el otro.

Si la conversación se ha desviado durante una reunión y hay una pauta, aprovecha para dejarlo encima de la mesa o leerlo en voz alta para que la otra persona vea que hay una serie de temas que hay que abordar.

A medida que solucionamos los puntos pendientes, conviene tacharlos para dar a entender a la otra persona que tenemos la firme determinación de resolver todos los puntos a pesar de que, él o ella, descentre la conversación o prolongue en exceso los temas que son de su interés o satisfacción prioritaria.

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