Cinco lecciones sobre cómo despedir a un trabajador

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Cuando empiezas un negocio y consigues que funcione, hay momentos en los que tienes que plantearte contratar a nuevos empleados, pero no te mentalizas que quizás llegará un día en el que tengas que despedirlos. Tim Berry, fundador de Palo Alto Software y bplans.com y autor de Business Plan Pro, comparte sus dificultades a la hora de prescindir de alguien.

1. Tener que despedir a alguien que se esfuerza, pero no consigue los objetivos deseados es la peor parte de tener negocio propio. “Preferiría llamar a todos los clientes de dudoso cobro antes que despedir a alguien que lo ha dado todo. Pero a veces no hay más remedio”.

2. A causa de la recesión, Berry despidió a cinco personas en un mismo día. Tenían que recortar gastos y no veían otra opción. “Pero no los echamos por su fracaso, sino por el nuestro, y ellos lo saben. Aunque parezca contradictorio, es mucho más fácil prescindir de una persona por nuestros errores que por sus actuaciones”.

3. Despedir a alguien nunca debería ser una sorpresa. Debería ser porque las expectativas no se cumplieron o el rendimiento no fue el esperado, y si es así, esta persona lo sabe. Si le resulta una sorpresa, algo en la gestión de personas ha fracasado.

4. La decisión de prescindir de alguien es probablemente la que más veces se plantea el directivo de una empresa. ¿Debo o no debo? El consejo de Berry es que a las primeras veces que uno se pregunta esto, actúe al respecto. Es mejor saberlo temprano que tarde. Si uno ya ve que las cosas no van bien, cuando más tarde se le comunique la decisión, más daño habrá hecho.

5. Cuando el despido no es por motivos económicos, pruebe antes a reubicar al trabajador, reescribir sus tareas o asignarle otras totalmente diferente. “Los casos en les que esto ha tenido éxito han sido la excepción y no la regla, pero hay que intentarlo”.

Finalmente, es mejor consultar a un abogado antes de tomar cualquier decisión. Y cuando la decisión se comunique al afectado, hay muchas cosas que a uno le gustaría decir, pero ni el empleador ni el empleado deberían. Nunca se sabe cuando nos volveremos a cruzar.

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