Talento

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Por Antonio Roberto Klinar, arkconsultores.com.ar

Hace pocos días tuve el honor de integrar el equipo de coaches peruanos que participó del II Conferencia Latinoamericana del International Coaching Federation realizada en la hemana República de Chile. Gente maravillosa asistió al evento, los anfitriones extraordinarios. En lo personal, destaco que tuve una serie de experiencias que han enriquecido mi formación en esta profesión tan rica y poderosa como es el “coaching”.

Durante la realización de uno de los diversos módulos que se desarrollaban compartí lugar con José Pedro García, para los amigos “Josepe”. Un excelente profesional, gran formador, impulsor y sobre todo extraordinaria persona.

Recuerdo que él preguntó a una persona sobre su interpretación de lo que significaba talento. Luego de escuchar las diversas opiniones, le dije a Josepe: “cuando vuelva a Argentina, donde ahora radico, te voy a enviar un resumen de lo que expuse sobre “talento” en una de las novelas que he escrtito (“La orilla”).

Y al cumplir con lo ofrecido, me dije, ¿por qué no compartirlo?; entonces, con mucho cariño en esta ocasión les envío algunas reflexiones sobre “Talento”.

Gestionar el talento es incentivar competencia

Se ha escrito y dicho mucho sobre “talento”. Entre las muchas definiciones que sobre “talento” he escuchado, les traigo unos ejemplos: “Son aquellos que producen en un nivel superior y son clave para el desarrollo de los negocios”; “Son los que toman acciones que generan valor, los que le dan la vuelta a la compañía; “Aquellos que encarnan la visión y los valores de la empresa”; “Los que tienen un don natural”.

Son definiciones buenas, como muchas otras; pero a mí, la que me gusta es: “Talento, son aquellos que tienen conocimientos y habilidades diferenciadas que, puestas en valor, son reconocidos por el resto. Los que siempre se involucran”.

Permítanme un ejemplo. Imagínense que usted es un virtuoso interprete del violín; toca maravillosamente, mejor que Paganini, pero, sabe qué, toca solo, encerrado en su habitación la que ha forrado con colchones para que nadie lo escuche. Luego, sale a la calle y muestra los “callitos” que deja las cuerdas de violín en los dedos y le dice a todos los que pasan por su lado: ¡toco violín!, miren mis dedos, ¡toco violín! ¿Qué creen que dirá la gente?, tocará violín, ¿y?…

Ahora imaginen que usted se pone delante de todo un público e interpreta una serie de melodías que los hace “vibrar”, hace que se pongan de pie y empiecen a aplaudirlo, pidiendo, ¡otra!, ¡otra!

¿Saben qué pasó?, mientras estuvo encerrado tocando, usted tenía habilidades y conocimientos diferenciados, pero sólo para usted; sin embargo, luego cuando los exhibió y todos lo aclamaron, allí se lo reconocieron, ¿entienden?

Amigos, es igual en la vida diaria, en cada uno de nuestros empleos o cuando ya no estamos empleados. Tomen nota: “Tenemos que evidenciar nuestros conocimientos y habilidades, y lograr su reconocimiento”. Obviamente usted tiene que saber quién será su público objetivo. Recuerden que no a todos les gustará “escuchar la música de un violín”. Busquen su público objetivo.
 

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