Ser positivo en un entorno de incertidumbre

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Por: Jorge Palacios Plaza ( España)
Director de ITACA, Global Learning & Development

“Conseguir, conservar y recuperar la felicidad, es de hecho, la motivación secreta de todo lo que han realizado los seres humanos en todos los tiempos”. William James

Todos buscamos la felicidad. Y qué difícil es ir en busca de ella. Y más todavía, encontrarla. Un estudio que leí recientemente de la cátedra de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid nos cuenta que el cerebro humano, debido a su constante evolución producto de 700 millones de años no está diseñado para alcanzar la felicidad, sino que en función de la adaptación al medio, el objetivo de nuestros cerebros es luchar por la supervivencia. O lo que es lo mismo, adaptarse al entorno.

Todo en nuestro cerebro busca sobrevivir al cambio, a la novedad, a circunstancias difíciles, diferentes y complejas … a superar el peligro existente. De hecho, el estudio nos habla que nuestra parte del cerebro límbico (el “jefe” de nuestras respuestas emocionales y sentimentales) nos impide ser felices de forma continuada.

“Los hombres me han llamado loco. Pero aún está por decidirse si existe la locura o si no es más que una elevada inteligencia, si mucho de lo que es maravilloso o aquello que es profundo proviene de desvaríos del pensamiento, de los humores de una mente exaltada a expensas del común entender”. Edgar Allan Poe.

Locura, inteligencia, desvaríos de la mente, cambios de humor … todo es cuestión de nuestras emociones, sean positivas o negativas, como por ejemplo la alegría, un estado de ánimo pasajero que aparece cuando disfrutamos por alguna cuestión. Sin embargo, ser feliz (o mejor dicho querer aspirar a serlo) es un sentimiento: es algo más duradero, como el amor (aunque esté cargado de emociones más positivas y malditas). Si esto es así, ¿dónde invertirías tu estado de ánimo, a ser más feliz o a ser más alegre?: difícil cuestión, aunque hay algunos colegas que se manifiestan más por la felicidad ya que agrega estados conscientes de altruismo, creatividad, ilusión y amor; en mi caso me inclino por enfocarnos a buscar sensaciones positivas, sean las que sean, eso sí, sin caer amigos en el hedonismo. Martin Seligman, Director del Centro de Psicología Positiva de Philadelfia, nos habla que existen tres tipos de vidas felices: La forma más rutinaria, con la que la mayoría de la gente identifica la felicidad, es la vida placentera, en la que el individuo busca lo que le gratifica y cultiva las emociones positivas. La segunda es la buena vida, donde lo que cuenta es disfrutar con lo que haces, en el trabajo, en el amor o en el tiempo libre. La tercera es la vida con sentido, en la que pones tu talento al servicio de otros, o formas parte de algo que es mayor que tú, una institución o grupo de gente comprometida en la misma causa…

Ser positivo entonces es mirar el vaso medio lleno, ser positivo es buscar respuestas más allá de simplemente estar contento; ser positivo es intentar ser diferente, ser innovador, convertirse en un solucionador de problemas (el mundo se mueve continuamente, progresando. No pares tu mundo); ser positivo es sentirse bien consigo mismo, ser positivo es sentirse útil; ser positivo es ser dialogante, ser positivo es tratar las situaciones verdaderamente difíciles con una mirada distinta. En definitiva, ser positivo es ver con ojos nuevos y diferentes la realidad cotidiana. “Yes, we can” nos grita Obama. Y la vitamina para serlo es automotivarnos.

Muchas investigaciones en el terreno de la Neurociencias (estudian la estructura del cerebro y su función química, celular y de cómo los diferentes elementos del sistema nervioso interactúan y dan origen a la conducta) nos demuestran que los pesimitas son posiblemente mucho más realistas, de hecho, un negativo es aquel que de tanto realismo pasó a convertirse a la religión de la negación: vive en el rechazo, el obstáculo, la preocupación o el aburrimiento, la oposición al otro, generando distancia y ostentando poder de forma continua. El problema de esta actitud negativa es que al hablar continuamente de lo malo terminan creyendo que es lo único real y existente.

Se ha demostrado en diversos estudios que tan solo un minuto teniendo pensamientos e ideas negativas reduce las defensas de nuestro sistema inmunitario durante varias horas, genera irritabilidad e incontrolabilidad, además que produce estrés (con las consecuentes dolencias de salud que todos sabemos), afectando a nuestra capacidad racional y cognitiva ya que reduce el riego sanguíneo a aquellas partes del cerebro más necesarias para la toma de decisiones diaria. Estas personas tienen dificultades a la hora de aprender, porque sienten que hagan lo que hagan no van a cambiar su situación.

Un positivo sin embargo llega a ser más feliz. Una persona positiva analiza sus propias emociones y cómo le afectan. Dedica tiempo a analizar el modo en el que su estado de animo influye en su comportamiento. Asimismo, aprende a canalizar sus emociones positivas, fijando su atención en marcarse retos y desafíos viables y motivantes, que le ayudan a vivificarse y a recordar lo que tiene que hacer para sentirse bien: “¡quiero volver a hacer deporte!”, manteniendo nuestro objetivo, luchando por él de forma continua. “Do it”.

También está atento y predispuesto a reconocer las necesidades e intereses emocionales del otro y se lo hace ver con su conducta tanto verbal como con su gestualización. Una persona no es una isla. Comunica tus pensamientos y tus deseos de forma sincera. Anima a otros a comunicarte de forma sincera contigo. Practica el entendimiento y la motivación con la gente.

Somos lo que pensamos. Pensar de forma positiva nos agrega beneficios: nos automotivamos, regulamos nuestras emociones adecuadamente y pensamos también en el otro.

Mihaly Csikzentmihalyi, catedrático de neurociencias de la Universidad de Stanford, nos habla del concepto de flow (fluir, fluidez), un estado en el que la persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio placer y disfrute, durante la cual el tiempo vuela y las acciones, pensamientos y movimientos se suceden unas a otras sin pausa. Todo el ser está envuelto en esta actividad, y la persona utiliza sus destrezas y habilidades llevándolas hasta el extremo. La persona está “fluyendo” cuando se encuentra completamente absorbida por una actividad durante la cual incluso hasta nos olvidamos de nosotros mismos, perdiendo la noción del tiempo y experimenta una enorme satisfacción: se puede tener la sensación de estar descubriendo algo nuevo (aunque lo hayamos hecho muchas veces), o estamos disfrutando de lo que estamos haciendo, o nos sorprendemos de lo que estamos realizando, y pensamos positivamente: “Esto que estoy haciendo va a salir bien”.

Después de que se ha completado la acción emprendida es entonces cuando nos vemos reconocidos, por la plenitud de esa experiencia; es entonces cuando podemos afirmar que somos “felices”. Cuando creas en algo, pon toda tu atención y energía en ello. No dejes que la gente te distraiga. 

Otra de las estrategias para ser positivo es encontrar cuál es el valor de la risa y la sonrisa. Reír es la manifestación de nuestra alegría. Y además, sabemos que ¡la risa es muy saludable, mejora el estado físico y anímico!: La Universidad de medicina de Maryland nos dice que la risa relaja los músculos, reduce la producción de hormonas que causan estrés, reduciendo la presión sanguínea. También ayuda a quemar calorías puesto que movilizamos unos 400 músculos (reír 100 veces es equivalente a hacer 15 minutos de bicicleta).

J. Ratey, profesor de la Universidad de Harvard, nos recuerda que la risa actúa como una especie de “señal social”. Con ella le estamos nos estamos diciendo a nosotros mismos: “me siento bien, estoy cambiando, quiero ver la vida de forma positiva, estoy luchando contra mis pensamientos negativos”. Y al mismo tiempo, una sonrisa sincera desencadena un eslabón de actitudes positivas en nuestro ámbito social. La sonrisa es imitativa: si sonrío es más fácil que los demás también lo hagan. Haga la prueba, sonría en el momento adecuado, se la devolverán con otra. Se creará un clima más positivo. Busque motivos para sonreír. Seguro que los tiene. Comparta generosamente algo que no le cuesta nada: la alegría de vivir cada día.

Con todo, me gustaría finalmente llamar la atención al hecho que nuestra parte animal e irracional en muchas ocasiones nos puede, y es necesario combatir al “oso” que todos llevamos dentro. Aceptar nuestra auto responsabilidad en todo aquello que hacemos,  disfrutar de la vida aceptando como somos, ser flexible y pluralista en nuestras ideas, buscar tareas personales y profesionales retadoras y creativas, no tenerle miedo al riesgo, exponer con asertividad nuestros pensamientos, emociones y sentimientos profundos, … todo esto es crear un mundo, nuestro micromundo, en el que podamos sentirnos más confortables, satisfechos, y porqué no, seguir buscando ese tesoro llamado … “felicidad”.

 

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