¿Recurso o Capital?

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Por José Luis de Romaña Uranga, Partner De Romaña & Claux

Luego de los últimos debates políticos, donde en varias ocasiones fue mencionada la definición CAPITAL HUMANO como plataforma a considerar dentro de la nueva y moderna organización del Estado, es pertinente definir y separar los motivos que generaron esta nueva acepción versus la errónea definición, aun en vigencia en muchas empresas de nuestro país, de RECURSO HUMANO. 

Los RECURSOS, como sabemos, representan el universo de elementos disponibles para resolver una necesidad o llevar a cabo algo. Cabe resaltar, que éstos se conciben como aquellos insumos que para tales fines son trabajados evolucionando su transformación en todo proceso industrial, con la intención de elaborar un producto manufacturado o un servicio a ser presentado.

Siguiendo con el tenor inicial, si consideramos a los seres humanos como un recurso en las empresas, estos estarían disponibles en ellas para resolver necesidades, y llegaríamos a la triste conclusión que previsiblemente estas empresas lo único que proyectan en ellos es la realización de las funciones para lo que fueron contratados únicamente – “pasivos” – sin proyección o crecimiento profesional inicialmente, asegurándose así un alto grado de previsibilidad en sus comportamientos, los que serán sin duda moldeados de acuerdo a la cultura e intereses de la organización.

Ahora avancemos y analicemos la definición de la palabra CAPTIAL, como el valor de lo que rinde u ocasiona rentas, intereses o frutos. Desde la Revolución Industrial a la fecha, el capital siempre ha sido considerado como un “valor” que correctamente utilizado reproducirá y generará más valor. Ahora, para que este capital genere mayor valor deberá ser trabajado considerando el riesgo que conlleva invertir. Este riesgo puede ser mayor o menor dependiendo del caso, el mismo que podría aportar ganancias o pérdidas asociadas.

Siguiendo con la terminología del ya conocido y definido “capital económico”, hoy por hoy el conocimiento ha adoptado el concepto de “capital intelectual” y las redes sociales alimentan el “capital social”. Es así como el conocimiento y la cantidad- calidad de contactos e influencia de un profesional, adquieren relevancia en la organización por su capacidad de generar VALOR, convirtiéndose en CAPITAL, y por consecuencia entrando en el juego del riesgo de inversión.

Si entonces, tomamos a los seres humanos como parte del capital de la organización, podemos identificar en ellos un rol más bien ACTIVO, donde se espera que generen valor aportando y apostando su capital intelectual y social para rendir frutos. Asimismo, los profesionales independientes al tener un rol ACTIVO en sus propias actividades deberán generar esos logros, ya que de ellos depende no solo su proyección profesional individual sino también el éxito de su negocio. Para ello, no solo deben INVERTIR su capital económico (oficinas, tecnología, publicidad, etc.), sino también en su capital intelectual y social. Esto es, poner en juego sus conocimientos, instalar o vender una idea, proyecto o programa, hacer buen uso de sus relaciones, contactos, recomendaciones, conexiones y tomar todas las oportunidades aprovechándolas al máximo; en otras palabras, el famoso EXPERTISE y prestigio ganado en tantos años de profesión. Dentro de las empresas ocurre lo mismo solo que con mayor “seguridad económica”; ahora si los profesionales dependientes lo que pretenden es solo alcanzar esta “seguridad”, entonces estarán actuando como RECURSO HUMANOS.

Si lo que se busca es mejorar los resultados tanto para la organización como para la propia carrera profesional, deberemos invertir nuestro capital intelectual y social. Esto implica defender procesos más acordes con los objetivos, defender los proyectos con convicción, contraponer ideas y buscar las formas de ser escuchado, debatir y aceptar propuestas para mejorar, gestionar el poder formal e informal de las distintas áreas, lidiar con distintos perfiles de jefes y pares, superar resistencias organizacionales arriesgando nuestro expertise, prestigio y relaciones ganadas dentro de la organización. De esta manera, tendremos un CAPITAL HUMANO que agrega más valor a la organización en función de rendimiento y rentabilidad.

La diferencia entonces, entre recursos humanos y capital humano se relaciona con la perspectiva que cada organización imprime a sus colaboradores, generando un ambiente con mejores o peores condiciones para “invertir” en su capital humano.

Es por ello que desde nuestro lanzamiento al mercado como consultora tuvimos, tenemos y tendremos muy claro el concepto de CAPITAL HUMANO como base sólida de crecimiento, no necesariamente económico pero si personal, profesional, empresarial; y lo más importante, un motor generador de buenas relaciones interpersonales…razón más que solida para que nadie vuelva a cometer el error de autodenominarnos RECURSO HUMANO.

 

 

 

 

 

 

 

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