¿Qué valores presentan en común las empresas familiares que se mantienen vigentes en el tiempo?

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Por Jenny Elisa Castro Cáceda (Perú), Gerente de Recursos Humanos, Corporación Disal Perú

En estos últimos 3 años de trabajo, he tenido la oportunidad de pertenecer a una empresa familiar, además por temas de estudio he conocido personas que lideran negocios de este tipo de primera, segunda y hasta tercera generación; lo cual capturó mi atención y me llevó a investigar sobre ellas.

Se dice que:“Una empresa familiar está controlada por los miembros de una misma familia en la que el capital y, en su caso, la gestión o el gobierno están en manos de una familia (y personas relacionadas personalmente con dicha familia), que tienen la capacidad de ejercer sobre ella una influencia suficiente para controlarla.

Lo realmente decisivo a la hora de calificar una empresa como familiar son dos cosas:

Uno, la capacidad de control –político- que sobre la misma puedan ejercer una o varias familias.   Dos, el deseo de los propietarios de que la empresa continúe en manos de la propia familia mediante la incorporación de la siguiente generación familiar a la propiedad y, en su caso, a la gestión o al gobierno de la misma”.

La revista Harvard Business Review, nos comparte que las empresas familiares son un modelo y estas son sus cinco reglas de oro:

Ser frugales en los buenos tiempos y en los malos, ser prudentes en el nivel de gasto de capital, mantener bajo endeudamiento, pensar en internacionalización, retener el talento más que la competencia

Y es con ello que me produce la siguiente reflexión: ¿Qué valores presentan en común las empresas familiares que se mantienen vigentes en el tiempo?

Para introducirnos en la respuesta, no quiero dejar de mencionar que se me viene a la mente un círculo en movimiento entre aquellos valores que propondré, sin que ninguno tenga valor angular y comentarles que fue bastante difícil no seguir colocando algunos más dentro de la lista. En este caso luego de varias conversaciones de café, revisiones de bibliografía y experiencia laboral es lo que rescato y encuentro resonando en empresas familiares exitosas vigentes, este planteamiento no me lleva para nada a tener la verdad absoluta ya que cada familia y su fundador o fundadores incorporan muchos otros valores propios como sello personal en cada una de ellas.

Confianza: La confianza crece en las familias cuando sus miembros están seguros de las competencias, experiencias y habilidades del resto y se cree que el otro cumplirá con la responsabilidad que tiene asignada.  Además la confianza mejora cuando el comportamiento de los integrantes de la familia es congruente, es decir cuando los demás saben que cada uno hará lo que dice. La confianza depende también del comportamiento coherente, es decir, predecible.  Por último la construcción de la confianza lleva tiempo y requiere de sostenidas acciones cotidianas, que generen credibilidad. Construir un ambiente de confianza implica pensar desde la perspectiva del interés común y la unidad. Supone centrarse en las personas, tratándolas con dignidad, amabilidad y respeto aunque se discrepe con ellas. Implica clarificar los temas con rapidez y favorecer la resolución de las cuestiones pendientes, promover una comunicación franca y directa, escuchando a la otra persona, estimulando la sinceridad, el humor, el reconocimiento y el elogio.

Creatividad e innovación: Espíritu de creatividad e innovación. Análisis constante del entorno, anticipándose a sus cambios y trabajando en la continua actualización de sus productos y servicios. Trabajando siempre pensando cómo superarse, creando e innovando, no dejándose dominar por los hábitos. La mejora continua se convierte en su principal herramienta de trabajo.

Solidaridad: es uno de los valores distintivos de la empresa familiar en relación con otros tipos de empresa. La solidaridad se basa en el altruismo y en la generosidad hacia el otro, familiar o no familiar. Esta es una virtud que debe ser descubierta y experimentada por los jóvenes sucesores. La grandeza y la aureola que iluminan esta virtud hacen que sea uno de los recursos básicos de la empresa familiar.

La profesionalización: El contexto de globalización nos lleva a mirar como un valor indiscutible la tecnificación del negocio y junto con la sucesión, se torna uno de los grandes retos a los que se enfrenta la empresa familiar. Este concepto implica cambiar la mentalidad de los miembros de la familia empresaria integrados en la actividad de la empresa hacia un enfoque más “empresarial” que “familiar”, reconvertir el estilo de liderazgo del fundador y propiciar que la empresa esté dirigida por los mejores profesionales, con independencia de que sean familiares o no. Tornarse la familia en directores, propulsores y ser los nuevos profesionales ejecutores y protagonistas.

Austeridad – Ahorro: La austeridad es una virtud, no gastar más de lo que se tiene, ni adquirir deudas que desborden su capacidad de ahorro o de ingresos (vía de impuestos) para poder pagar el capital de la deuda y sus intereses. Una actitud humilde o poco extravagante. Siempre que hablemos de austeridad estaremos haciendo referencia a cosas, elementos o situaciones en las cuales la simpleza, la falta de exageración y extravagancia están presentes.

Pues bien, quiero culminar mencionando como lo hice en líneas anteriores, que una empresa familiar y la continuidad de sus negocios es invaluable y de ejemplos constante a seguir, porque ellas son lo que son gracias a su: historia, tradiciones, sesgos, fortalezas, debilidades, valores, que se reflejan en los objetivos y estilo.

 

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