El coaching, una fórmula para el Liderazgo Consciente

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Por: Silvia Guarnieri (España), Socia fundadora y Directora Académica de EEC

Las conversaciones entre un coach y su cliente son sistémicas, giran una y otra vez alrededor del resultado, no son superficiales ni caprichosas

Una de las características que distingue a un coach es su forma de hacer preguntas, pues suelen hacer preguntas retadoras, que desafían al cliente. Dentro de esta batería de preguntas, sin embargo, no suele estar el por qué haces lo que haces. Tenemos la creencia de que la respuesta a un por qué es una historia muy bien construida que nos contamos a nosotros mismos, una excusa o explicación tranquilizante, un relato que usamos para ser comprendidos, para que nos quieran, para entender o empatizar pero que nos deja la mayor parte de las veces en el mismo lugar.

Ahora bien, ante la pegunta para qué hacemos lo que hacemos nos quedamos inmóviles. Suele ser difícil de contestar y a veces incluso de entender. El para qué abre una puerta que habla del coste y beneficio de cada comportamiento, oculto la mayor parte de las veces para quien actúa. Dejemos por un momento planteadas estas preguntas: ¿Para qué hoy hace falta más que nunca un liderazgo consciente? ¿Es necesaria una consciencia de las personas que ejercen influencia en los demás?

Hay una definición de coaching que me gusta especialmente pues lo describe como la capacidad de producir resultados extraordinarios a través del desarrollo personal. Al decir que el coaching es un cambio a nivel personal que se traduce en nuevos resultados, esta definición aclara que el enfoque no es resultadista y que el objetivo del trabajo personal no es encontrarse a uno mismo. Es divertido ver en las películas como los occidentales que quieren encontrarse a sí mismos van a un templo budista y lo primero que les enseñan es todo lo contrario: a conectarse profundamente con su entorno. Pues algo parecido pasa con el coaching: la mirada que busca el coach con su cliente es un mirada conectada, sensible al entorno.

La gran maestría del coach es poder sostener los dos balones a la vez; es decir, hacer un trabajo en la consciencia del líder para que se vuelva sensible a lo que genera, para que revise creencias y prácticas sosteniendo siempre el norte, el resultado que quiere conseguir. Así, el resultado que se quiere obtener modifica el trabajo necesario a realizar. Igual que un coach que entrena a un atleta para correr 100 metros no hará lo mismo si el atleta quiere correr una maratón. También las conversaciones entre un coach y su cliente son sistémicas, giran una y otra vez alrededor del resultado, no son superficiales ni caprichosas. Para este resultado que me comentas ¿qué te hace falta? ¿qué debes entrenar? ¿qué debes saber de ti? ¿de los demás?

Si entendemos el liderazgo como una relación, entonces sin liderados no existe un líder, así como no hay tíos sin sobrinos, padres sin hijos, etc. Entonces ¿para qué se hace necesario ponerle el apellido consciente? Decimos que una sociedad avanza si tiene un alto nivel de consciencia, evoluciona cuanto más consciente es de la importancia del cuidado de uno mismo, de la familia, de la empresa, la sociedad o el planeta.

Sin embargo, si miramos a los líderes o a las personas públicas que conocemos, vemos que no se les exige un alto grado de consciencia sistémica. Como mucho, les pedimos habilidad o consciencia técnica para el ejercicio de la profesión, pero no siempre una consciencia global, por ejemplo, sobre el impacto de sus comportamientos.

Hoy sabemos que el observador modifica el objeto observado, que nuestra mirada no es inocente en ningún campo donde nos movamos, que la mirada del médico tiene influencia sobre la salud y el bienestar de su paciente, la mirada del padre sobre la del hijo y, por supuesto, la del líder sobre sus colaboradores. 

¿Para qué entonces no entrenar a un líder para que sea consciente de sus límites, de sus fortalezas, del impacto que tienen sus palabras, o de las emociones que genera y de la sensibilidad necesaria para darse cuenta del contexto adecuado para cada situación?

Si entendemos al liderazgo como una relación, el espacio vacío que existe entre el liderado y el líder se llena a través de algo tan sencillo como una conversación. Si miramos los resultados de los grandes líderes nunca son mayores que la relación en la que cual están inmersos: relación, conversación y resultado, entonces, aparecen íntimamente ligados. Para tener buenos resultados sólo hace falta tener buenas relaciones y ser consientes de cómo y para qué conversamos en cada momento.

Hablar de para qué un liderazgo consiente significa abrir los ojos y ver. Y el coaching no es más que una manera de abrir los ojos para aumentar la consciencia.

 

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