Coaching por Valores

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Por Gabriela Fernández, Consultora Senior de la Escuela de Coaching y Desarrollo Organizacional Jamming

El coaching es una relación profesional de ayuda continua y sostenible, fundamentada en el diálogo, la reflexión y el aprendizaje. En este proceso, el individuo es inspirado a desarrollar nuevas y mejores prácticas que lo ayuden a ser mejor persona en su accionar diario o como parte de un equipo, indistintamente del ambiente en el que se desempeñe.

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Según Simon Dolan, los valores son predisposiciones de nuestra conducta asociados a creencias y a normas que, si somos capaces de organizar con una lógica coherente para nosotros y los alineamos con nuestros objetivos, pueden acercarnos a ese estado utópico conocido como el bienestar óptimo. Considera los valores como creencias arraigadas sobre lo que está bien, lo que es correcto y apropiado, que nos ayudan a modelar nuestro carácter y forma de actuar para ser valiosos para nosotros mismos y útiles para la sociedad.

Por otro lado los valores son conceptos mentales relativos a cada persona que, una vez llevados a la acción, se hacen sólidos, y eso es lo que conforma la personalidad de cada uno. Entre los valores relacionados con la satisfacción personal podemos destacar: autenticidad (los actos son coherentes con las palabras y las creencias), acción comprometida y aprendizaje (nos permiten ver y buscar un mundo interconectado), idealismo y activismo (ayudar y valorar a los demás), apoyo al bien común, respeto al medio ambiente y a la naturaleza.

Por lo tanto ¿por qué trabajar con Valores en un proceso de coaching?

Cuando comprometemos tiempo, dinero o energía en algo que no va acorde a nuestros valores, nos sentimos irritados o frustrados. Para que un objetivo (ya sea personal, profesional, familiar, etc.) sea acorde con nosotros y nos haga sentir bien, tiene que estar acorde a los valores, así disfrutaremos también en el proceso de conseguirlo.

Alcanzar la felicidad relativa y la satisfacción pasa por alinear nuestros valores con nuestros objetivos para después analizar hasta qué punto los sistemas donde vivimos y trabajamos son coherentes (o no) con ellos.

Aunque los valores no son solo palabras, sino que guían y dirigen nuestra conducta y afectan a nuestra experiencia cotidiana, las palabras que utilizamos para identificarlos y las definiciones que les asignamos tienen una fuerza particular porque dan sentido y dirigen la canalización del esfuerzo humano, tanto a escala personal como organizativa.

Los valores actúan como una brújula que nos mantiene en el camino cada día y nos trae de vuelta cuando nos desviamos. Si seguimos nuestra brújula, cada día nos moveremos en una dirección que nos acerque a la que consideramos ser la mejor vida posible aunque eso, desde luego, es personal. La mejor vida en tu opinión puede que sea la misma que la mía pero, incluso, si ninguno de los dos alcanzamos nuestro ideal, mientras recorremos el camino hacia él, disfrutaremos de unos estados cada vez más positivos de bienestar.

Diversos estudios han demostrado que, en algunos casos, señalar las incoherencias entre las actitudes y el comportamiento logra dirigir éste último. En lugar de cambiar las actitudes para modificar el comportamiento se produce un cambio más profundo y duradero si se modifican los valores y creencias que lo sustentan.

En éste sentido, la base del cambio son los valores; es por ello que uso ésta metodología en los procesos de coaching donde el coachee logra identificar, comprender y jerarquizar sus valores, y aprende a utilizarlos creando valor para su vida.

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