El diálogo constructivo como medio para las buenas relaciones laborales

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Por Carlos Cadillo – Asociado de Miranda & Amado

Un empleador y un trabajador se relacionan por beneficio mutuo: principalmente, para el primero, contar con el personal necesario para alcanzar los objetivos empresariales y, para el segundo, desarrollar sus capacidades y obtener una remuneración.

Sin embargo, la relación laboral no es estática y los intereses de ambos lados pueden cambiar por distintas necesidades, pudiendo presentarse posiciones encontradas respecto a, por ejemplo, los cambios en las condiciones de trabajo acordes al negocio y al mercado o al pedido de incremento de la remuneración.

Dependiendo de la forma de abordar y afrontar tales situaciones, la relación laboral podrá ser pacífica o conflictiva. En el primer caso, las partes entienden que el beneficio mutuo se mantiene, por eso llegan a soluciones o entendimientos eficientes y amistosos, lo cual favorece a las buenas relaciones laborales. En el segundo, las partes se distraerán en reclamos laborales, desgastan la relación y deben destinar tiempo y presupuesto para la gestión de los reclamos.

A inicios de este año, la Sociedad Nacional de Industrias, la Asociación General de Empleadores Holandeses (AWVN) y Dutch Employers´ Cooperation Programma DECP, publicaron el libro “El Arte de la Negociación” (texto de Dirk Joose y Lars Doyer) y organizaron un “Curso-Taller sobre el desarrollo de habilidad para las negociaciones colectivas”; a través de los cuales plantean y difunden que el diálogo constructivo es la herramienta más óptima para afrontar situaciones de conflicto y mantener las buenas relaciones laborales.

A partir del interesante libro y del curso muy bien impartido, menciono 5 bloques básicos de ideas para implementar el diálogo constructivo, que, desde mi punto de vista, aplica a las relaciones laborales individuales (trabajador-empleador) y colectivas (sindicato-empleador):

  1.  Las partes deben reconocer y recordar que mantienen una relación en base a intereses legítimos, comunes e interdependientes; esto significa que, más allá de las distintas situaciones que tengan que afrontar, dicha relación tendrá que continuar, siendo lo más óptimo que se mantenga pacíficamente para que se atiendan dichos intereses.

  2. El diálogo es fundamental para abordar un tema. La clave ante posiciones diferentes es el diálogo constructivo; entendiendo por este a aquel que se basa en la exploración de los intereses de las partes y permita evaluar las posibles soluciones. Los intereses no necesariamente conllevan a asumir importantes costos, pues en ocasiones la solución es explicar o escuchar, reconocer la representación de los trabajadores o que algún jefe sea más receptivo o amigable con los trabajadores.
  3. Existen 5 estrategias de negociación: i) pelear, ii) conceder, iii) evitar, iv) concretar compromisos, y v) explorar y confrontar. Las dos primeras son extremas porque implican aferrarse a una posición o dejarla de lado para ceder a la contraria; siendo el resultado que alguna de las partes gane o pierda o que existan resistencias que conducirán a conflictos.

    La estrategia de evitar no aborda los problemas, solo los dilata sin solución alguna. Llegar a compromisos sin explorar los intereses hace que las partes no se sientan satisfechas y el conflicto no se resuelva.

    La última estrategia es la más óptima porque las partes logran explorar sus posiciones para llegar a conocer los intereses de cada una, confrontarlos para determinar aquellos que son comunes de aquellos opuestos y, finalmente, dialogar sobre soluciones creativas a estos últimos. Se pueden combinar las estrategias siempre que se manejen de forma moderada y tomando en consideración que la última es la central.

  4. Los negociadores son los encargados de realizar el diálogo constructivo, para lo cual se recomienda que cumplan con 5 reglas básicas:
    • Inspirar y fomentar confianza.

    • Realizar una estrategia que se enfoque en la exploración de intereses, más allá de las posiciones de las partes, y su posterior confrontación.

    • Ampliar la conversación para explorar los intereses, mediante un diálogo abierto y creativo. No solo formular preguntas sino también colocar información sujeta a diálogo. Entender lo que la otra parte quiere o necesita.

    • Dialogar valiéndose de razones objetivas y razonables, y llegar a acuerdos.

    • Evaluar los avances y el resultado de forma permanente, y determinar las alternativas a seguir.

  5. Por último, tener en consideración que el diálogo constructivo necesita de la comunicación efectiva, que se compone por llevar conversaciones de igual a igual, escuchar y entender, tener en cuenta si el contenido es entendido por la otra parte, y privilegiar el factor humano y la relación entre las partes para conocer los intereses que permitirán llegar a soluciones o entendimientos.

     

Es importante estudiar y apostar por el diálogo constructivo de forma progresiva y difundirlo. Existen casos de éxito con resultados positivos en las buenas relaciones laborales y en la reducción de tiempo y gastos destinados a la prevención y solución de conflictos.

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