Productividad en la empresa digital

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Por Patricia Llaque – Profesional de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones

Desde hace ya tiempo parece obvio que la tecnología es el gran impulsor del éxito y de la productividad empresarial, al favorecer la eficiencia y la escalabilidad. Sin embargo, aunque algunas empresas sí disfrutan de un crecimiento extraordinario de su productividad y de sus márgenes de beneficio, la mayoría de las organizaciones no han visto cumplidas sus expectativas en cuanto a las ganancias en el rendimiento que la adopción tecnológica prometía. Aún más, son muchos los informes que registran las últimas décadas como los periodos más lentos de crecimiento de la productividad laboral en los países desarrollados.

Si atendemos a estos datos, aun teniendo en consideración las dificultades que acarrea la medición de la economía digital, ¿por qué no todos nos beneficiamos del dividendo tecnológico?, ¿cómo aprovechar mejor el potencial de la tecnología emergente y la que aún está por venir? En ellas recae gran parte de nuestro éxito comercial.

Y es que no es tan fácil responder a cuestiones como ¿qué tecnologías son rentables para mi negocio?, ¿cuáles atienden a mis necesidades reales? o ¿cómo organizarnos mejor con la tecnología, dentro de este Hype Cycle?  

La respuesta, en teoría, ya la conocemos: debemos adoptar la tecnología que evidencie beneficios tangibles para los trabajadores, los clientes y el rendimiento del negocio en un entorno sostenible. Pero vemos que en la práctica muchas organizaciones siguen intentando reconciliar los cambios estructurales que la tecnología requiere con la cultura profundamente arraigada de dar prioridad al corto plazo, lo que no permite aprovechar todo el potencial que el binomio personas-tecnología ofrece. En otras palabras, seguimos desaprovechando nuestros esfuerzos sin alcanzar las recompensas deseadas.

Digitalizarse no es lo mismo que transformarse digitalmente

Uno de los puntos claves a los que siempre se alude es la diferencia entre digitalizarse y transformarse digitalmente. La mera optimización de procesos y la automatización derivadas de la aplicación tecnológica no son la esencia de una transformación digital. Ésta se debe sustentar en un entramado autónomo que conecte todas las variables que permiten generar valor; tendiendo el tan ansiado puente entre nuestro modelo actual y los que seguirán consolidando nuestra presencia en el mercado del futuro. Para ello un nuevo perfil de colaborador es clave y abarca muchos más conceptos que las características que solemos asociar  con los nativos digitales por su cercanía tecnológica. Es necesaria una mentalidad de experimentación, de aprendizaje continuo, de autoliderazgo, de flexibilidad, de pensamiento crítico y analítico, de creatividad para moverse dentro de la complejidad e incertidumbre de esta era.

Los indicadores del Instituto Global McKinsey

Una investigación realizada por el Instituto Global McKinsey (MGI) analizó el estado de la digitalización en los diferentes sectores de la economía estadounidense. Se encontraron con una gran y creciente brecha entre los distintos sectores, así como también entre las empresas dentro de cada uno de ellos. En dicho estudio se consideraron 27 indicadores, divididos en tres grandes categorías: activos digitales, uso digital y trabajadores digitales. Para ellos las dos últimas categorías son las que marcan la diferencia, aunque apuntan a la fuerza laboral capacitada digitalmente como el factor más decisivo.

https://hbr.org/2016/04/a-chart-that-shows-which-industries-are-the-most-digital-and-why

Matizando lo que se puede leer en el informe sobre la digitalización de la fuerza laboral es oportuno considerar también muchos estudios que constatan que, cada vez más, los trabajadores valoran la tecnología como adictiva e invasiva, capaz de hacer seguimiento en tiempo real de cada uno de sus movimientos y acciones. Admiten no estar utilizando las herramientas de una forma eficiente y destacan que la demanda tecnológica les acarrea problemas de estrés, depresión y ansiedad.

De hecho es interesante conocer iniciativas empresariales que, desde ya hace algunos años, intentan trazar límites más claros sobre la forma en que sus trabajadores utilizan la tecnología. Dos son los objetivos a cumplir, o mejor dicho un objetivo con dos caras, aumentar la productividad e impulsar el bienestar humano a través de reducir el número de correos electrónicos, limitar las horas de exposición a las herramientas de mensajería, prohibir el uso de tecnología durante las reuniones…Y es que debemos entender, y no solo en la teoría sino en la práctica, que necesitamos reconsiderar el valor que le damos al trabajo humano y a los cálculos de costos que lo sustentan, sobre todo en estos tiempos de creciente automatización.

 


Sobre el autor:

Patricia Llaque

Profesional de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, con experiencia en empresas y organizaciones internacionales. Máster en Neuropsicología Clínica y Máster en Ciencias Cognitivas. Trabaja en la intersección de la Inteligencia Artificial y la Psicología Cognitiva y del Comportamiento, con énfasis en la investigación del impacto de la tecnología sobre el desarrollo humano. Su trabajo se focaliza en la consecución de  nuevos valores y propósitos dentro de una cultura organizacional basada en la persona. A través de su marca registrada OnWell participa también en la divulgación de la ciencia y la investigación, dando visibilidad a referentes femeninos, y en el acercamiento al lado más amable de la tecnología, a aquellos algoritmos y soluciones que se diseñan bajo el prisma de la ética social y la sostenibilidad.

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