Resiliencia y cambio de percepción

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Por Fernando Gil (Perú), Socio fundador de HCN, Jamming y CIMEXPA

Las emociones no expresadas se convierte  en enfermedad. Una emoción expresada, es una emoción superada. Las emociones pueden provocar enfermedades físicas y/o enfermedades “conductuales” (comportamientos disfuncionales). Para que una persona pueda curarse de una enfermedad (física o conductual) necesita primero tomar conciencia del conflicto emocional de determinada circunstancia. Luego, identificar la emocional social (la expresada socialmente de manera “natural”), los pensamientos y sentimientos ocurridos en la situación específica y luego conectar con la emoción oculta (la que no se expresa de manera natural en entornos sociales. Es una emoción profunda).  Esa emoción social hay que expresarla, de preferencia, visceralmente. En determinadas situaciones, con la toma de conciencia ya basta para curar la enfermedad (física o conductual). Cuando no basta, es preciso acompañar a la persona a cambiar la percepción de las circunstancias y las personas involucradas en el conflicto emocional.

Este trabajo que puede hacerse con la ayuda de técnicas como la Bioneuroemoción, la biodecodificación, Psych-k, tethahealing, PNL, hipnosis ericksoniana, coaching neurolinguístico, ontológico, sistémico, constelaciones, etc., nos llevan al concepto de resilencia.

La resiliencia, es la capacidad para sobreponerse y sortear las dificultades y la adversidad que se le presentan a una persona en su vida cotidiana con resultados positivos y satisfactorios. Esa capacidad para sobreponerse está directamente relacionada a la habilidad de cambiar la percepción que se tiene respecto a la circunstancia considerada como fatal, de conflicto o de gran impacto emocional. Este cambio de percepción puede darse de manera proactiva, haciendo un trabajo anticipado a la ocurrencia de esas circunstancias de adversidad, o reactivamente, confrontándola después de la situación de impacto. Humberto Maturana hace referencia justamente a los procesos de aprendizaje del ser humano diciendo que ocurren desde el amor, proactivamente, o desde el dolor, reactivamente. Por lo tanto, haciendo un cambio de percepción anticipado puede contribuir significativamente en el desarrollo de la capacidad de resilencia.

¿Cómo cambiar la  percepción para darle un significado positivo a circunstancias fatales, de conflicto o de gran impacto emocional? ¿Cómo desarrollar resiliencia proactiva?

El primer paso es reconocer que estamos en una Escuela de Aprendizaje llamada Tierra, que los seres humanos somos en esencia energía, que esa energía es información, que la información que somos es nuestra consciencia y que el proceso de aprendizaje consiste en la toma de conciencia de esa información. También debemos entender que las experiencias que vivimos, las agradables y las que no lo son tanto, se nos hacen presentes justamente para que la verdad de nuestras consciencias nos sea revelada. Son circunstancias que nos tocan vivir justamente para aprender. Cada vez que nos  enfrentamos a una circunstancia positiva o negativa, inclusive una enfermedad, la pregunta clave es “¿Para qué?” nos ocurre eso. En el caso de las enfermedades físicas, nuestro cuerpo nos da una solución biológica. Para las enfermedades conductuales sucede lo mismo. Nuestra mente se encarga de dar una solución comportamental al conflicto emocional experimentado ante la circunstancia. La primera manifestación de esa solución biológica o comportamental ante situaciones negativas es un síntoma físico o unas relaciones interpersonales quebradas. La vida nos empieza a dar señales de que hay algo de lo que debemos tomar conciencia, que debemos sanar y/o que debemos aprender. De allí la necesidad de estar en el aquí y en el ahora para escuchar a nuestro cuerpo, a nuestro entorno, a las personas con las que vivimos para recibir la retroalimentación de cómo estamos operando y si estamos actuando o viviendo de manera adecuada.

En cuanto a nuestras relaciones interpersonales, son las personas más allegadas a nosotros, del momento presente o del pasado, las que nos están informando de manera permanente lo que tenemos que aprender. Las características de las personas con las que mejor nos llevamos, las que más admiramos y con quienes tenemos relaciones más positivas nos enseñan lo valiosos que somos. Los seres humanos no dejamos de proyectar quienes somos en otros. Lo maravilloso que vemos en otras personas es un reflejo de nuestras virtudes, habilidades, capacidades y de nuestra bondad. Los otros que actúan de espejo de quienes somos en esencia, nos enseñan lo bondadosos que somos cuando los vemos a ellos así. Nos enseñan lo valiosos que somos, que debemos querernos y amarnos a nosotros mismos, que debemos perdonarnos. Las personas con quienes no nos llevamos bien, que no toleramos, con quienes nos sentimos heridos e inadecuados, también son un reflejo de nuestras proyecciones. Nos enseñan aquello en lo que tenemos que trabajar. Nos muestran lo que les hacemos a otros o lo que nos hacemos a nosotros mismos. También estamos proyectándonos en las personas que nos rodean. Se dice que “lo que nos desagrada de otros no es sino aquello que no resistimos en nosotros mismos”. Esto es justamente una proyección.

No entender este fenómeno psicológico implica optar por la queja como una práctica cotidiana, por el victimismo o por culpar a otros como una manera de estar en este mundo. Estas conductas y actitudes no nos hacen responsables de nuestras propias vidas. Nos llevan a buscar la causa de nuestros pobres resultados fuera de nosotros mismos. Una circunstancia fatal, de conflicto o de gran impacto emocional es vista como una tragedia o la responsabilidad de otros a quienes culpamos. Una perspectiva así no permite el desarrollo de resiliencia. Nos hunde emocionalmente más aún. Si hacemos un trabajo proactivo de toma de conciencia y de cambio de percepción de por qué estamos en este mundo, ser resiliente es mucho más sencillo. Caso contrario viviremos las experiencias reactivamente. Podemos cambiar puntualmente nuestra percepción de la situación con ayuda de alguna de las técnicas listadas líneas arriba o mantenernos dentro de la misma creencia limitante manteniendo la misma estructura  emocional y de pensamiento que con el paso del tiempo se puede convertir en una enfermedad física o en una conducta disfuncional que mermará nuestro resultados en la vida, nuestra felicidad y nuestro liderazgo.


 

Sobre el autor:

Fernando-Gil-BN120X120Fernando Gil Sanguineti (Perú), Máster en Economía y MBA de la Universidad de Pittsburgh, estudios doctorales en el IESE, Coach ejecutivo, de equipos y de vida, Master Coach y Trainer Internacional. Socio fundador de HCN, Jamming y CIMEXPA.

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