Gestión de emociones: El momento de las empresas emocionales ha llegado

04 Diciembre, 2017
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Las emociones han comenzado a liberarse dentro de las organizaciones. Ya casi nadie piensa que para tener un buen desempeño laboral hay que dejar los sentimientos en casa. Más aún, hoy queda claro que las emociones son un componente crucial en la estructura y el desempeño de las organizaciones en su conjunto.

Las empresas, más que ser pensadas como espacios que privilegian la lógica y la razón, están siendo concebidas como lugares emocionales. Sin duda, la era de las emociones ha llegado. Su reconocimiento y su gestión en el ámbito de las empresas están ganando terreno rápidamente en nuestro país.

Ciertamente, las emociones son parte esencial e inseparable de nuestra existencia diaria y tiene un efecto en nuestro cuerpo, estado mental, desempeño, salud y energía. Cada momento de nuestra existencia da cuenta de ello.

 

Específicamente, la neurociencia ha demostrado que las emociones juegan un papel clave en el aprendizaje, la toma de decisiones, los comportamientos y, por ende, en el desarrollo de competencias. Todos ellos fundamentales para el desempeño de las personas y, por lo tanto, para el logro de los objetivos empresariales.

«Para los seres humanos las emociones son inevitables, lo que significa que no podemos impedir sentir una emoción ante un hecho, pero si podemos decidir cómo respondemos. De eso se trata la gestión de las emociones: aprender a reconocerlas, comprenderlas y tomar mejores decisiones para lograr los resultados que deseamos», afirma Nathalia Trujillo, Gerente General de Excelencia y Estrategia.

Natalia Trujillo

Tendencia reciente
La gestión de emociones es un concepto que ha comenzado a recorrer las organizaciones hoy en día. Su irrupción ha servido para cuestionar las decisiones exclusivamente lógicas y racionales que predominan en muchas organizaciones. Estamos ante una tendencia relativamente reciente, que ha nacido con el declive de la razón como elemento único en la toma de decisiones.

«Compramos por aspectos puramente emocionales, que luego justificamos racionalmente. Hoy día la razón está sobrevalorada, al menos en principio. Al ser humano se le mueve por la empatía, las emociones, la conexión, no la imposición de la razón», indica Javier Benítez, Socio Director de Gamelearn.

Aunque las emociones y la razón están estrechamente ligadas, algunos investigadores señalan, en efecto, que las emociones constituyen el primer mecanismo para la racionalidad.

Javier Benítez

Pero de lo que no cabe duda es que los sentimientos y emociones de las personas que conforman las organizaciones impactan de manera directa en la creatividad, el trabajo en equipo, la innovación, la transformación cultural, etcétera. Es decir, el desempeño de las organizaciones depende de forma crucial de la gestión de las emociones colectivas.

Es evidente que cuando los colaboradores tienen sentimientos positivos hacia la organización en la que laboran, ellos se muestran más dispuestos a dar lo mejor de sí mismos.

«Si, por ejemplo, solamente tenemos en cuenta su impacto positivo en la productividad, gestionar emociones resulta ser una interesante inversión para una empresa. Desde luego, si a esto le sumamos que las organizaciones no solo queremos personas productivas sino también felices, la gestión de emociones se hace más relevante», comenta Nathalia Trujillo.

Múltiples impactos
Es realmente amplio y en muchas direcciones los efectos que tiene la gestión de las emociones, sobre todo en las competencias que las organizaciones necesitan desarrollar en sus colaboradores.

Entre las principales posibilidades que ofrece la gestión de emociones se pude destacar su impacto positivo en las relaciones entre los colaboradores y la mejora en su disposición para cooperar unos con otros, lo cual es clave para la consolidación de equipos de trabajo. De hecho, brinda herramientas para mejorar las reacciones ante las situaciones difíciles al aumentar el nivel de resiliencia de los individuos.

«También aumenta la motivación y el compromiso y por lo tanto los deseos de permanecer en la empresa y de lograr resultados. Por otro lado, permite la construcción de líderes transformadores. Asimismo, no hay que olvidar que el  manejo de conflictos y de clientes difíciles solo pueden ser resueltos si sabe manejar su componente emocional», destaca Nathalia Trujillo.

Igualmente, para lograr negociaciones y ventas efectivas se requiere saber cómo detonar emociones en los demás que los lleven a optar por la propuesta que se le ofrece.

«No hay que olvidar que la toma de decisiones es fundamentalmente emocional por lo que podemos resolver mejor los problemas, ser creativos y tener mejor visión de futuro», añade Trujillo.

Emoción del cambio
Javier Benítez
pone en relieve lo decisivo que resultan las emociones positivas para mejorar la actitud hacia el logro en los equipos, sobre todo porque afianza la conexión entre los miembros que lo conforman. Se ha comprobado que los equipos de trabajo exitosos se caracterizan por tener relaciones armónicas entre ellos y objetivos muy bien definidos. Todos sabemos lo que sucede con nuestras relaciones cuando no gestionamos adecuadamente nuestras emociones.

Resultan igualmente determinantes para superar factores de resistencia al cambio. Nathalia Trujillo explica que en cada etapa del cambio está presente una emoción que nos impide aceptarlo o que, por el contrario, nos anima a avanzar y asimilar el proceso. Desde esta perspectiva, la gestión del cambio no es posible sin una gestión emocional.

Ahora bien, es responsabilidad del área de Recursos Humanos diseñar los lineamientos de la gestión emocional. Dentro de estos lineamientos es clave considerar programas de capacitación para el desarrollo de competencias que incluyan la gestión emocional, no solamente para facilitar el aprendizaje de los conceptos sino para que las personas aprendan herramientas prácticas para manejar las emociones.

Hay que tener en cuenta que cualquier actividad que involucre influenciar a otros inevitablemente nos lleva a manejar emociones propias y ajenas.

«Considero que además de capacitar a sus líderes hay muchas oportunidades y beneficios si les dan herramientas de gestión emocional a todos sus colaboradores. De hecho, existen muchas herramientas para gestionar mejor nuestras emociones y las de los demás. Por ejemplo, en Excelencia y Estrategia utilizamos la programación neuro lingüística, el coaching, la indagación apreciativa, nindfulness, entre otras», enfatiza Nathalia Trujillo.

Para Javier Benítez, el coaching es, particularmente, una herramienta extraordinaria para gestionar y dirigir inteligentemente las emociones. Se recomienda recurrir a un coach externo a la empresa para que los colaboradores no se sientan evaluadas o juzgadas internamente. «La persona tiene que soltarse y confiar en la confidencialidad y esto solo lo puede hacer un agente externo», considera Benítez.

El líder
No nos olvidemos que los líderes lideran personas y, aunque parece obvio decirlo, resulta que las personas no son máquinas, sino tienen sentimientos, emociones, motivaciones y por eso mismo si alguien quiere ser realmente un buen líder tiene que conocer «sobre personas» incluyendo lo que las personas sienten.

«Las personas no solo se mueven y piensan, sino también sienten cosas que a veces no las dicen o no saben expresarlas. El líder tiene que tener en cuenta todos esos elementos», anota Javier Benítez.

Es más, cuanto más alto es el cargo de un líder, más importante se hace la gestión de emociones (tanto propia como la de los demás). «Una característica fundamental de un líder es que influya en otros y eso significa saber detonar las emociones que permitan que los demás tomen las decisiones que ellos esperan que tomen», precisa Nathalia Trujillo.

No solamente el líder tiene, sin embargo, que prestar atención a sus propias emociones y a las de los demás. «Es responsabilidad también de los propios colaboradores de mejorar su manejo emocional, pues uno mismo es responsable de su aprendizaje, desarrollo y evolución como persona», subraya Javier Benítez.

Elemento clave
En general, las personas que desean conseguir mejores resultados y construir relaciones saludables deben de considerar, como elemento fundamental, aumentar su inteligencia emocional, y dejar de creer que la base del éxito tiene que ver solamente en su competencia técnica.

«Luego de trabajar en formación y desarrollo con más de 18 mil personas puedo asegurar que conozco mucha gente con un altísimo nivel de conocimiento en su área y con varios años de experiencia, estancadas profesionalmente por su falta de habilidades emocionales», sostiene Nathalia Trujillo.

Lo más complejo, añade Trujillo, es que estas personas terminan en un círculo vicioso donde esa misma falta de inteligencia emocional hace que perciban erróneamente que son los otros quienes están equivocados y que no les permiten ascender. Estos colaboradores con el tiempo pasan de ser piezas claves en la empresa para convertirse en los miembros de equipo con los que nadie quiere trabajar.

Se puede asegurar, por lo tanto, que se precisan de habilidades en el manejo de emociones para prosperar en el ámbito profesional y alcanzar un estado productivo óptimo.

Creciente interés
Como ocurre en las plazas más desarrolladas, las emociones están siendo reconocidas por las empresas del país como un elemento esencial puesto que la gestión de la misma abre extraordinarias oportunidades para lograr sus objetivos.

«Considero que en el entorno de negocios actual, en donde la tecnología está provocando que las empresas se muevan a mayor velocidad, este tema cobra gran relevancia en nuestro país», comenta Javier Benítez.

Hace poco menos de una década, para muchas empresas resultaba extraño o hasta esotérico pensar en el desarrollo de programas – en donde sean las emociones las que gocen de mayor importancia frente a los conceptos teóricos– que apunten a generar anclas emocionales que favorezcan el aprendizaje.

En poco tiempo, sin embargo, se ha visto un gran avance. Actualmente, las empresas comprenden que la gestión emocional es la que marca la diferencia no solo de cara a la competencia y a los resultados económicos que puedan lograr, sino también frente al clima laboral, a la felicidad y bienestar de sus colaboradores, asunto que una década atrás difícilmente estaba en la agenda directiva. 

«De hecho, durante el 2017 el 63% de nuestros clientes realizó programas que incluían herramientas de gestión emocional para sus colaboradores. A lo largo de estos siete años en Excelencia y Estrategia hemos tenido la oportunidad de trabajar con más de 160 organizaciones, y podemos decir que el interés en abordar estos temas se ha duplicado a lo largo de estos años», estima Nathalia Trujillo.

No cabe duda, entonces, que la gestión emocional ha llegado para convertirse en un tema clave en la vida organizacional. «Los retos que asumimos nos generan una carga emocional cada vez mayor, poniendo en evidencia que si no aprendemos a gestionarlas terminamos tomando las decisiones equivocadas», destaca Trujillo.

Ciertamente, los sentimientos y emociones nos acompañan siempre, incluso dentro de las instalaciones de las empresas. La dimensión emocional siempre ha estado allí y ahora sabemos que ella ofrece extraordinarias oportunidades a las organizaciones en múltiples aspectos.

Sin embargo, ¿está lista su empresa para desatar emociones positivas y orientarlos en el logro de sus objetivos?

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