Por qué no desconectar del trabajo durante las vacaciones te perjudica

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Por Gaietà García, profesor del Master en Dirección de Marketing de EAE Business School

Hoy en día, nadie duda de la revolución que ha supuesto el desarrollo de las TICs, sobre todo en lo referente a los avances en nuevas formas de comunicación, que permiten una conexión permanente entre personas y organizaciones.

Por ello y debido al uso masivo de estas tecnologías, la tendencia predecible es que el número de personas que adoptarán formas flexibles de empleo, como el teletrabajo, se incrementará en el futuro inmediato.

La investigación realizada por Gaeta, Manacorda, & Rizzo (1995), refleja los cinco elementos que caracterizan a esta nueva forma laboral:

  1. El trabajo a distancia.
  2. El ordenador o terminal.
  3. La existencia de una red de telecomunicaciones que permita el contacto entre la sede central y la descentralizada.
  4. La modificación de la estructura organizativa tradicional.
  5. Y una mayor flexibilidad en la distribución, uso y gestión del trabajo.

Así, el trabajo flexible a distancia o teletrabajo conlleva diferentes oportunidades positivas, pero también riesgos negativos potenciales, más o menos graves, en función de las circunstancias específicas de cada caso.

Las oportunidades del trabajo flexible se centran, principalmente, en una mejor autonomía de la organización del trabajo; la autogestión del tiempo laboral y personal; mayores niveles de productividad; facilidad de implantación de sistemas organizativos en red; y menor carga de estrés relacionada con el trabajo.

Los riesgos del trabajo flexible son determinados, principalmente, por el desapego social y alienación; los desequilibrios disruptivos individuales, familiares, organizacionales y sociales; y el peligro de la polarización extrema social y profesional.

Hay que tener en cuenta que, en lugar de ir el sujeto al trabajo, es el trabajo el que viene al sujeto, generando una situación límite de identidad entre trabajador y trabajo. Por ello, algunos individuos que deciden ser “teletrabajadores” padecen un desequilibrio disruptivo personal, puesto que no tienen la capacidad de discernir la frontera entre privacidad y ocupación. Y no desconectan del todo de sus responsabilidades laborales, ni siquiera durante los períodos vacacionales.

En este escenario, disponer de vida social o familiar es una tarea casi imposible, si el compromiso principal que toma el individuo es consigo mismo y no distingue entre horas laborales y no laborales (vacaciones). Y esta interconexión continua dificulta el ‘descanso cerebral laboral’.

Por último, estas circunstancias se unen a que vivimos en un mundo competitivo y en el que el medio de promoción profesional tiene como plataforma un trabajo flexible. Por ello, existe un gran riesgo de que prevalezca el individuo sobre la pareja, la familia y los amigos, con las consecuencias graves sobre la falta de socialización y los desequilibrios mentales derivados, que ello conlleva.

En definitiva, si opta por el “teletrabajo” respete el descanso de su cerebro, sus vacaciones y su vida. Porque los riesgos sobre la salud física y mental de los ‘teletrabajadores’ que no lo hacen son, cada vez, más elevados.

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