Colaborar o Competir

17 Marzo, 2018
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Por Eduardo Moane – Director ejecutivo en Cambridge International Consulting

Es interesante cuando en América del Sur o Centro América uno pregunta: ¿el ser humano colabora o compite?, las personas mayoritariamente responden: Compite. Pero cuando les preguntas qué hubieran respondido si fuesen Suizos o Noruegos, inmediatamente dicen: Colabora.

Entonces resulta que este tema tiene que ver con la evolución de las sociedades en las que operemos. En sociedades menos desarrolladas como las nuestras en la región, aún nos cuesta entender que la única manera para que la sociedad realmente evolucione es cooperando.

A todo nivel, desde ceder el asiento en el transporte público, pasando por permitir que el peatón pase antes que nuestro carro, hasta en nuestras relaciones con nuestros trabajadores, clientes y proveedores.

Hoy estamos tan desviados de este principio evolutivo, que en muchas empresas se fomenta la competencia entre áreas, o entre categorías, basados en una antigua premisa sin ninguna validez objetiva, de que la competencia entre áreas o entre categorías genera un mejor resultado para la empresa.

La pregunta es ¿un mejor resultado a corto plazo o largo plazo? Lo que sucede es que ninguna empresa está midiendo el costo que genera la falta de cooperación, porque cada área tiene su propio KPI, que muchas veces es contradictorio con el de la otra área.

La teoría cognitiva señala que los nativos del nuevo continente no pudieron ver las carabelas de Colón, porque no tenían referencia de esa imagen, por lo que su cerebro no las procesaba, y recién luego de unos días fue el chamán, quien viendo las ondas en el agua se dio cuenta de la existencia de las naves.

¿No será que nos sucede lo mismo? ¿No será que la cooperación escapa a nuestro ancho de banda cognitivo?

Es por ello que no reconocemos que el manejo en EE.UU. (que tanto envidiamos), se basa en un sistema colaborativo; o que Samsung sea el principal proveedor de Apple; o que la mayor parte de satélites que orbitan Mercurio, Marte, Venus y Saturno, son esfuerzos colaborativos; o que en la estación espacial internacional hay astronautas de distintas nacionalidades; o que la mayor parte de premios nobel también hayan sido esfuerzos colaborativos; o que la teoría evolutiva afirma que la cooperación ha sido el principal arquitecto de la evolución de nuestra especie; o que el proyecto científico SESAME, cuyo laboratorio está ubicado en Jordania, tiene como socios a Irán, Turquía, Jordania, EE.UU. y la Comunidad Económica Europea.

Con esto no estamos diciendo que no hay contextos competitivos, por supuesto que los hay. Con tu competencia vas a tener que competir en el mercado, y la competencia es sana, porque nos hace ser mejores. Pero la clave es saber distinguir un contexto colaborativo de uno competitivo.

Apple y Samsung compiten en el mercado, pero a la vez tienen una relación de cliente y proveedor en la que les aseguro sus científicos tienen que colaborar para generar un producto de calidad. Es acá donde fallamos en los países en vías de desarrollo, en reconocer la diferencia, no terminamos de ver las Carabelas de Colón.

Prometo seguir elaborando sobre este tema en una próxima oportunidad.


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Eduardo Moane
Director Ejecutivo en Cambridge International Consulting
Abogado egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y Master en Transacciones Internacionales en la Southern Methodist University. 

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